El pasillo del hospital olía a desinfectante y ansiedad.
El sonido de los pasos apresurados, de las ruedas de camillas moviéndose de un lado a otro, golpeaba la mente de Zacarías mientras avanzaba con torpeza, casi sin respirar.
Sentía el corazón encogido, latiendo con un ritmo frenético. Todo en él era desesperación pura.
Encontró a Gael y a Edmund esperando en la sala, ambos con el ceño fruncido y una clara irritación. Gael dio un paso hacia él, con los hombros tensos.
—Aún no nos dan noticias