La comisaría era tan fría y casi silenciosa, había gente ahí, personas detenidas que daban miedo.
Cuando los agentes llevaron a Camely hacia la celda, el sonido del cerrojo golpeando el metal fue tan ensordecedor que sintió que algo dentro de ella se rompía también.
La celda estaba fría, demasiado pequeña para respirar tranquila, con un banco de concreto áspero que parecía burlarse de su vulnerabilidad. Estaba sola.
Se abrazó a sí misma, temblando. El miedo no era lo peor… era la sensación de in