Camely sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda en el instante en que vio a varios hombres descender del auto que le bloqueaba el camino.
La noche era cerrada, apenas iluminada por los faros, y esas sombras avanzaban hacia ella con pasos pesados, decididos, como si supieran perfectamente lo que iban a hacer y no temieran las consecuencias.
Su corazón se aceleró tanto que sintió que el pecho le iba a estallar.
—No… no, por favor… —susurró, tratando de retroceder con el vehículo.
Pero el g