Luego de finalizar, Rachel se incorporó lentamente, todavía con el cuerpo agitado por el esfuerzo y el sudor, recorriéndole la espalda.Sus ojos, llenos de expectativa, se clavaron en el hombre frente a ella. Había hecho todo lo que estaba en sus manos: cada giro, cada salto, cada mirada había sido calculada para seducir, para convencerlo.—¿Entonces? —preguntó, rompiendo el silencio—. ¿Seré Giselle yo?Justin Baldwin la observó durante unos segundos más, como si disfrutara alargar ese instante. Finalmente, sonrió, pero no fue una sonrisa amable, sino una torcida, casi burlona.—Rachel, Rachel… —negó despacio con la cabeza—. Lo siento, cariño, no puedo darte el papel.Ella parpadeó, incapaz de comprender lo que acababa de escuchar.—¿Qué…? —su voz se quebró—. ¿Cómo qué no?—Esta vez no lo decido yo —respondió él con total despreocupación—. Resulta que la señora Carla Lutton y su hijo, Daniel Lutton, serán quienes evalúen la audición final. Quieren a la mejor Giselle posible, ya que la
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