Afuera, el aire estaba cargado de tensión, como si el mundo mismo presintiera que algo irreversible estaba a punto de ocurrir. Carlos forcejeó con los guardias que intentaban sujetarlo, su respiración era agitada, sus ojos ardían de rabia y desesperación. Sentía que todo se había derrumbado de golpe, como un castillo de arena arrasado por una ola cruel.—¡Suéltenme! —rugió con la voz quebrada, sacudiendo los brazos con violencia.Los guardias dudaron un segundo, sorprendidos por su furia descontrolada, y Carlos aprovechó ese instante para zafarse. Dio unos pasos tambaleantes hacia atrás, como si el peso de su propia vida se le hubiera venido encima. Su futuro, sus sueños, sus años de esfuerzo… todo estaba hecho pedazos.Veía su vida destrozada. No había universidad, no había reconocimiento, no había nada. Solo humillación, fracaso y un vacío que le oprimía el pecho hasta dolerle físicamente.—¡Carlos! —gritó Yara, saliendo, corriendo detrás de él.Sin pensarlo, lo alcanzó y lo rodeó co
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