—¿Ustedes… son novios? —exclamó Marianne, incapaz de contenerse.
La pregunta escapó de sus labios como un golpe seco, abrupto, cargado de sorpresa, incredulidad y una punzada de dolor que no esperaba sentir con tanta intensidad.
Durante una fracción de segundo, el pasillo del teatro quedó sumido en un silencio incómodo, casi sofocante, como si incluso las paredes aguardaran la respuesta.
Daniel y Rachel se volvieron hacia ella al mismo tiempo.
Daniel dio un paso atrás de manera instintiva, como