Los días avanzaron con un ritmo casi implacable, marcados por la disciplina y el desgaste físico que el mundo de la danza exigía.
Marianne se sumergía cada vez más en su universo de ensayos y repeticiones, obsesionada con perfeccionar cada giro, cada movimiento, cada expresión para él solo de Odette, que sería decisivo en la última audición.
Cada músculo de su cuerpo estaba entrenado para la precisión; cada respiración calculada para mantener la elegancia y la fuerza que el papel exigía. Era com