Rosanne fue llevada al hospital casi a rastras, rodeada de voces tensas, pasos apresurados y miradas cargadas de una desesperación que no intentaban ocultar.
El pasillo era largo, frío, interminable. Olía a desinfectante y a urgencia, ese aroma metálico que siempre anunciaba que alguien estaba a punto de perderlo todo.
Cada paso resonaba como un eco hueco en su cabeza, y aunque intentaba mantener la compostura, el corazón le golpeaba el pecho con violencia, como si quisiera escapar antes que ell