El cuerpo de Lyra sucumbió ante los espasmos, como si una tormenta interna lo desgarrara desde los huesos.Y, cuando finalmente pudo tomar control de los temblores, intentó levantarse, pero sus movimientos eran torpes, erráticos, como si cada músculo estuviera experimentando todo por primera vez.Sus ojos parpadearon, pero con cada movimiento, el color de sus pupilas cambiaba entre el rojo, el multicolor y los grises almendrados de Lyra.Nadie podía decirlo con certeza, pero en el fondo, todos temían que en aquel cuerpo se estuviera desarrollando una batalla por el control.Todos temían, menos Ronan, quien parecía estar agazapado con deleite, esperando una oportunidad.Por un instante, las piedras del templo parecieron en calma, esperando con una paciencia engañosa.El aire se onduló como agua hirviendo, y la luz rota se deformó alrededor de ella, incapaz de decidir si debía iluminarla… o hundirse en la penumbra.O quizás, ni una cosa ni la otra. Simplemente, mantenerse de pie con lo
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