El silencio cayó sobre la sala como una losa.Selira acababa de pronunciar su acusación.Lyra sintió cómo todas las miradas se clavaban en ella, como cuchillas.Lucian dio un paso adelante, instintivo, colocándose entre ella y el concejo.Su cuerpo entero vibraba con tensión, mientras que veía cómo unos guerreros lobo se acercaban ante la orden que había dado la princesa encargada del ejército.—No permitiré que la toquen —gruñó, la voz grave, casi animal—ella no ha hecho nada malo, sino todo lo contrario.Su fuerte presencia hizo que los guerreros dieran un paso hacia atrás por instinto, sabiendo que el príncipe no solo no estaba jugando, sino que estaba dispuesto a defender a Lyra con garras y dientes.El alfa Selan lo observó con interés, no con miedo.Lucian respiró hondo, obligándose a recuperar la compostura.No, no ganaría nada, si la sala lo veía en su fase más agresiva y, mucho peor, si provenía de la manada enemiga, siendo el hermano de Ronan, todos lo verían como la amenaza
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