La penumbra de la mazmorra respiraba como una criatura viva.El aire húmedo se aferraba a la piel de Lyra, mezclado con el olor metálico de la sangre seca, del óxido y de recuerdos que jamás debieron despertar.Cada músculo de su cuerpo protestaba por el arrastre, por los golpes, por la humillación reciente. Aun así, cuando aquella voz surgió desde las sombras, clara y firme, su corazón se detuvo por un segundo.—No te preocupes. He venido a rescatarte.Lyra alzó la cabeza con dificultad. La silueta femenina avanzó entre las sombras, sosteniendo una antorcha baja, cuidando que la luz no delatara su presencia. Cuando el resplandor alcanzó su rostro, Lyra sintió que el mundo se inclinaba peligrosamente.—Evadne… —susurró, incrédula.No era posible. No debería ser posible.“¿Por qué estaría ahí?”, pensó.Pero solo una respuesta le vino a la cabeza.La esperanza arraigada en su corazón.Lucian.Y, sin embargo, todo parecía más que extraño.Lucian no podía saber de ninguna manera que ella
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