Gregorio miró a Melissa, sintiéndose como nunca antes se había sentido: acorralado.No podía negar que todas sus suposiciones eran correctas. Una parte de él aún la veía como la hija de su mejor amigo, la niñita que sostuvo en brazos y que siempre corría hacia él, toda torpe y emocionada por verlo. También tenía miedo de hacer algo mal, de que ella lo malinterpretara y tratara de lastimarse otra vez, y, por último, tenía miedo de no saber cómo lidiar con todos aquellos sentimientos que eran nuevos para él.Gregorio suspiró, desviando la mirada, pero, antes de que pudiera responder, vio a Melissa acercarse más a él, inclinando la cabeza hasta quedar a su altura.–Si tus sentimientos por mí son verdaderos, no voy a lastimarme. Dije que me quedaría contigo porque quiero confiar en ti, quiero entregarme a estos sentimientos, quiero... entregarme a ti. Pero, por otro lado, si tus sentimientos por mí no son verdaderos o si no estás seguro de lo que sientes, simplemente olvidemos todo esto y
Leer más