Melissa pasó toda la mañana en la cocina haciendo el pastel con Francis, y quedó perfecto, con el mismo sabor de la infancia, con el sabor y el aroma que le hacían recordar a su madre.–El almuerzo ya está listo, vaya a lavarse, necesita comer mucho después de todo lo que pasó–Melissa sonrió al recordar cuando era más joven y Francis siempre le decía esas palabras.–Está bien, está bien, ya voy–Melissa salió de la cocina y se dirigió a su habitación, pero al pasar por la puerta del despacho de Gregorio, se detuvo y se quedó mirando la puerta durante unos segundos, antes de retomar su camino e ir hasta su cuarto.Una vez estuvo lista, Melissa salió para almorzar. Normalmente almorzaba sola, ya que Gregorio se quedaba trabajando en la empresa todo el día, pero como él estaba en casa, pensó que almorzarían juntos.Sin embargo, al llegar a la mesa, vio solo un lugar puesto como siempre.–¿El señor Gregorio salió?– preguntó Melissa a la empleada que la estaba sirviendo.–No, señora, toda
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