Melissa miró a Francesco una vez más y su pecho se apretó. No tenía otra opción, no podía dejar que él muriera por su culpa. Entonces bajó la mirada, rindiéndose.–Está bien, me quedo, pero voy a quedarme con él en el hospital hasta que se recupere y vuelva a Italia con seguridad–Gregorio miró a Melissa, todavía molesto por esa preocupación de ella por ese hombre, pero lo dejó pasar.–Está bien, pero después de eso vienes a casa conmigo, ¡y este asunto quedará cerrado! ¡Llévenlo!–Los hombres cargaron a Francesco, que miró a Melissa con su único ojo bueno, y ella solo bajó la mirada, dejando caer lágrimas.Gregorio miró a Melissa, sintiendo un peso en el pecho al ver el dolor y la infelicidad de ella, causados por él. Pero nuevamente ignoró ese sentimiento, manteniendo su coraza rígida.–Vamos– dijo, dando espacio para que Melissa fuera al frente, y ella lo hizo. Pero, en el tercer paso, sus piernas flaquearon y sintió mareos que la llevaron hacia el suelo. Gregorio fue más rápido y
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