El jet aterrizó en la pista, y Gregorio miró a Melissa, que dormía en el asiento a su lado, con expresión cansada, seguramente por sus recientes actividades nocturnas y diurnas tan intensas.
El hombre cerró su tablet y se giró, acariciando suavemente el rostro de la joven, que se movió un poco y abrió los ojos.
Melissa miró el hermoso rostro del hombre y sonrió.
–¿Llegamos?
–Sí.
–¿Puedo quedarme aquí y dormir un poco más?
–¿En serio? Yo, un hombre ocupado, lleno de compromisos, un hombre que ga