Melissa se despertó por la mañana, sintiéndose envuelta por aquel aroma que tanto adoraba, el aroma de Gregorio.
La joven sonrió y abrazó la almohada aún con los ojos cerrados, sintiéndose acogida entre aquellas mantas cálidas y cómodas, hasta sentir una sensación diferente en su cuerpo, lo que la hizo recordar la noche anterior. Abrió los ojos, ruborizándose y sintiéndose avergonzada por los recuerdos de todo lo que había dicho y hecho en aquel momento, tomada por la locura del placer.
“Ah, ¿c