Gracias a Dios, los golpes no me dejaron nada grave. El cuerpo dolía, sí, pero no era eso lo que importaba. Era el pecho. Ese peso incómodo, constante, como si algo se hubiera roto en un lugar donde no se puede vendar.Pensar que él lo había ordenado no me sorprendía… pero igual dolía. Tal vez porque, en el fondo, había esperado otra cosa. No algo bueno, no algo noble… solo algo menos bajo.Pero no.Yo fui la que se equivocó. La que creyó que podía acercarse sin salir marcada. La que pensó que él, en algún momento, dudaría antes de hacerme daño.Cerré los ojos, apretándolos con fuerza, intentando mantener todo en su lugar. No quería llorar. No por él. No por esto. Pero el dolor no desaparecía, solo se quedaba ahí, firme, recordándome exactamente quién era él… y quién había sido yo al creer lo contrario.—¿Elena?La voz de Logan me alcanzó sin aviso. Suave, cercana.Abrí los ojos y lo miré… y algo en mí cedió. No fue un colapso, no fue escándalo. Solo se rompió lo justo para que se not
Leer más