37: Tus juegos lastiman. (Elena )
René llegó a visitarme, pero apenas la vi supe que algo no estaba bien. Se veía extraña, tensa, como si cargara algo demasiado pesado dentro y no supiera cómo soltarlo. La llevé hasta el sofá y la hice sentarse con suavidad. Luego me acomodé a su lado, observándola en silencio durante unos segundos. No hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de que quería decirme algo, pero no encontraba la forma. —¿Pasa algo? —le pregunté, esta vez sí, con una preocupación real instalándose en mi pecho. Una idea desagradable cruzó mi mente. ¿Y si Nicola le había hecho algo? —Cualquier cosa puedes decírmelo —añadí, bajando un poco la voz, intentando que se sintiera segura. René asintió levemente, pero no habló. En su lugar, sacó el celular con manos que no parecían del todo firmes. Buscó algo durante unos segundos eternos y, de repente, el sonido de gemidos llenó la habitación, rompiendo el aire de una forma incómoda y cruda. Luego giró la pantalla hacia mí para mostrarme de dónde vení
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