La mañana avanzaba tranquila en la joyería. El sonido suave del aire acondicionado, la luz cálida reflejada en las vitrinas y el murmullo de las conversaciones entre las trabajadoras daban ese ambiente elegante que siempre impresionaba a Danna. Era su tercer día, y aunque aún se sentía un poco nerviosa, comenzaba a familiarizarse con el ritmo del lugar.Detrás de su mostrador, organizaba con delicadeza algunas pulseras nuevas. Sofia, la chica que la había instruido el primer día, estaba a dos puestos de distancia atendiendo a una pareja. Otras dos trabajadoras conversaban con clientes sobre argollas y relojes exclusivos. Todo parecía normal.Danna estaba enfocada, con los dedos acomodando una cadena sobre un paño terciopelado, cuando escuchó las puertas de vidrio abrirse con brusquedad.—¡Buenas! —exclamó una voz femenina, cortante, irritada.Danna levantó la mirada.La mujer que entró era de esas presencias que se notan al instante: alta, elegante, con un traje de diseñador en un ton
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