—Entonces —dijo Cecilia Ray con una sonrisa que pretendía ser amable, cambiando de tema—, Danna… ¿cómo te sientes trabajando en la joyería? John se recostó en la silla, cómodo. Demasiado cómodo. Danna levantó la mirada despacio, atrapada entre ambos. —Bien, señora… —comenzó, suave, intentando sonar normal—. Estoy aprendiendo mucho, y… —Mucho —repitió John, interrumpiendo con intención. Ella cerró los labios, nerviosa. La mujer sonrió. —Bueno, Danna, cuéntame, ¿qué parte del trabajo disfrutas más? Danna abrió la boca, dudando. Sabía que cualquier palabra podía ser malinterpretada por Tom… o usada por John. —Creo que… la atención al cliente —murmuró finalmente—. Y organizar las entregas. John levantó una ceja. —Organizar sí, pero… las entregas ya no solo las organizas, ¿cierto? —preguntó él, sabiendo exactamente lo que hacía. Cecilia ladeó la cabeza, curiosa. —¿Entregas? ¿Qué entregas? —Encargos especiales —dijo John, manteniendo la vista solo en Danna—. La ac
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