CAPÍTULO 72— La visita Un sonido de esos que no anuncian nada, pero igual incomodan, se oyó en mitad de la tarde tranquila cuando tocaron el timbre. Carolina estaba sentada en el sillón, con las piernas recogidas y una manta liviana sobre ellas. Tenía los ojos cubiertos, como seguiría teniéndolos todavía unos días más, pero el oído estaba atento a todo. Desde que había vuelto a la casa de su madre, escuchaba algo distinto. Todo más claro y fuerte. —Yo atiendo —dijo Betina desde la cocina. Carolina no preguntó quién era. Escuchó pasos, una puerta que se abría, voces conocidas. —Hola, Betina… —dijo Sandy, con ese tono suave que usaba cuando quería parecer inofensiva—. Vine con mamá. Teresa habló después, más despacio. —Buenas tardes… ¿Cómo está Carolina? Carolina cerró los dedos sobre la manta. No se movió. El perfume de Sandy entró antes que ella. Dulzón, invasivo, pegajoso. El mismo perfume que Carolina recordaba de otra vida, de otra casa, de una cama destruida y de una tarde
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