CAPÍTULO — Verdad visible Sandy salió de la casa de su madre con una idea fija latiéndole en la cabeza. Ese bebé no iba a nacer. Lo había decidido mientras caminaba, con el cuerpo rígido, los pensamientos desordenados y una rabia que ya no distinguía límites. Creía que era el hijo de Mauro, ya debía de estar de seis o siete meses, por ahí, y ese pensamiento la enloquecía. ¿Cómo se salvó? Yo vi la sangre, no pudo haberse salvado, se repetía una y otra vez. Creía que Carolina, una vez más, estaba quedándose con algo que sentía que le pertenecía. Sandy no pensaba, no se daba cuenta de que Carolina no estaba ni con panza ni de que ese bebé ni siquiera podía ser de Mauro. Estaba totalmente mal. Se había bloqueado en un pensamiento único y estaba furiosa. Sandy no veía, no razonaba, no escuchaba a nadie, no se daba cuenta de que ella misma se estaba engañando con esa manera de pensar. Subió al auto sin mirar atrás y manejó directo hacia la casa de Carolina. Cuando llegó, la casa estab
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