CAPÍTULO — La casa vigilada
La noche había caído sin anuncios, como caían últimamente todas las cosas importantes: en silencio.
Gabriel estaba solo en el departamento. La luz del escritorio encendida, el resto a oscuras. En la pantalla, la casa de Carolina aparecía dividida en cuadros prolijos: el living, la cocina, el pasillo, su habitación. No miraba todo al mismo tiempo. Nunca lo hacía. Aprendió a mirar como se aprende a sobrevivir: con foco.
El teléfono vibró sobre la mesa.
Miró el n