CAPÍTULO — Lo que se sostiene en silencio Carolina estaba sentada en el sillón, con las piernas recogidas y una mano apoyada sobre la panza ya casi de ocho meses , cuando Gabriel salió de la cocina con dos tazas de té. Le alcanzó una sin decir nada y se sentó a su lado, dejando que el silencio hiciera primero su trabajo. —No dejarás de pensar,amor —dijo él al cabo de unos segundos, sin reproche, casi con ternura. Carolina exhaló despacio, como si recién entonces se permitiera soltar el aire. —No —admitió—. No puedo. Afuera, la ciudad seguía con su rutina . Autos que frenaban y arrancaban, gente caminando con prisa, bocinas, voces superpuestas. Todo parecía normal, salvo lo que se estaba quebrando en silencio dentro de esa familia, en ese entramado de vínculos que ya no respondía a la lógica de antes. —Hablé con Martín —dijo ella al fin—. Está desbordado, Gabriel. No es solo enojo… es miedo. Culpa. Bronca. Todo junto. Tiene la sensación de que le arrancaron algo antes de que
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