CAPÍTULO 116 — La frontera invisible
Parte II
Lourdes salió al pasillo con el corazón golpeándole las costillas. Caminó sin correr, porque no podía permitirse un descuido.
Detrás de ella escuchó unos pasos.
No necesitó volverse para saber quién era.
El aire del juzgado le raspaba la garganta, como si hasta respirar fuera un acto que la obligara a aceptar lo que estaba ocurriendo en su vida.
Quería salir, irse de ahí. Tenía la impresión de que todos la observaban. Dobló rumbo a la salida y