CAPÍTULO — La frontera invisible (Parte II)
Lourdes salió al pasillo con el corazón golpeándole las costillas. Caminó rápido, sin correr, porque no podía permitirse un descuido. No después de la bicicleta. No después de la carta. No después de la jueza.
Atrás escuchó pasos.
No necesitó mirar para saber quién era.
El aire del juzgado le raspaba la garganta, denso, como si hasta respirar fuera un acto que la obligaba a aceptar lo que estaba pasando.
Cuando dobló en la esquina del pasillo, un