CAPÍTULO — Lo que no se dice también pesa
La bicicleta pasó demasiado cerca.
Lourdes cruzaba la calle con las bolsas colgándole de los brazos cuando sintió el golpe de aire, el chirrido de los frenos y un insulto que no llegó a entender. Se quedó congelada en medio del asfalto, con el corazón desbocado y el cuerpo rígido.
—¡Cuidado! —le gritó alguien.
Reaccionó tarde. Dio un paso torpe hacia atrás y terminó apoyándose en la vereda, respirando como si acabara de salir de debajo del agua.