CAPÍTULO 120 — La sala donde se quiebra un hombre
La sala de audiencias estaba casi vacía cuando Lourdes Vera llegó.
Había entrado temprano, con paso firme, acompañada por su abogada que iba solo por burocracia, porque ella había preparado todo para defenderse. Llevaba una carpeta gruesa contra el pecho y la espalda recta de quien ya tomó una decisión y no piensa retroceder. Su embarazo de seis meses se marcaba bajo el saco claro, visible, imposible de ignorar, pero lejos de volverla frágil, p