CAPÍTULO 107 — Lo que empieza a verse La mañana comenzó distinta, se sabía que algo importante estaba por suceder. Carolina se despertó antes de que sonara el despertador. No había dormido mal, sino porque su cuerpo parecía adelantarse a lo que venía. Permaneció unos segundos mirando el techo, respirando despacio, con una mano apoyada sobre el vientre ya abultado en ese gesto que ya no era inconsciente, sino casi un ritual, como si al tocarse pudiera confirmar que todo seguía bien. —Hoy lo veremos… —susurró, más para sí que para nadie. Gabriel, todavía entre sueños, se giró hacia ella. —¿Qué ? —preguntó con la voz cargada de sueño. Carolina sonrió, una sonrisa serena, firme. —A nuestro hijo. Hoy lo veremos. Eso lo despertó por completo. No hizo falta decir nada más. Se miraron unos segundos, compartiendo ese silencio. Se levantaron sin apuro, con movimientos tranquilos, como si el tiempo estuviera de su lado. No había ansiedad, sino expectativa, madura, aprendida a fuerza de g
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