CAPÍTULO 113 — Lo que ya no se puede ocultar
Martín la vio salir del supermercado.
Lourdes caminaba rápido, como si el cuerpo le marcara un ritmo que la cabeza no podía seguir. El carrito había quedado atrás; ahora llevaba las bolsas colgándo de las manos y cruzó la calle sin mirar, concentrada únicamente en alejarse de él.
—¡Lourdes… cuidado! —alcanzó a decir él, más por reflejo que por decisión.
Ella no lo escuchó.
Un auto frenó de golpe. Una bicicleta pasó a centímetros de su cuerpo. Mar