CAPÍTULO — Lo que ya no se puede ocultar
Martín la vio salir del supermercado con el paso apurado.
Lourdes caminaba rápido, como si el cuerpo le marcara un ritmo que la cabeza no podía seguir. El carrito quedó atrás; ahora llevaba las bolsas colgándole de las manos, cruzando la calle casi sin mirar, concentrada solo en llegar al hotel del otro lado.
—¡Lourdes… cuidado!—alcanzó a decir él, más por reflejo que por decisión.
No lo escuchó.
Un auto frenó de golpe. Una bicicleta pasó a centímetr