OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 79.
Pestañeo una vez más, luego otra, hasta que finalmente consigo acostumbrar mi vista a la luz del hospital… La luz blanca del hospital me resulta demasiado intensa, casi dolorosa, y siento la cabeza pesada, como si cada pensamiento tuviera que abrirse paso a través de una niebla espesa. Mi mente no responde con la rapidez habitual; es lenta, torpe, como si acabara de regresar de un lugar muy lejano. Trato de moverme, el simple gesto de incorporarme me provoca un mareo intenso, pero aun así, con esfuerzo, logro sentarme en la camilla. Mis manos se apoyan a los lados del colchón, buscando estabilidad, mientras intento enfocar la vista. Entonces lo veo… Frente a mí, sentado en un pequeño sofá junto a la pared, está Héctor. No lleva uniforme ni traje. Viste ropa cómoda, sencilla, como alguien que ha pasado demasiadas noches durmiendo a medias. Sus hombros están ligeramente encorvados, y en sus brazos sostiene a una niña pequeña, a la que mece con suavidad mientras le habla en voz ba
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