OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 9.
El vapor aún flota en el aire cuando apago la ducha.Durante unos segundos me quedo allí, inmóvil, con las manos apoyadas contra los azulejos fríos, dejando que el agua que queda resbale por mi espalda. Mi cuerpo duele en lugares que todavía no alcanzo a identificar con claridad, una mezcla de golpes recientes y viejas heridas que nunca terminaron de sanar del todo.Levanto la vista.El espejo me devuelve un reflejo cansado, apagado. Mi cabello húmedo cae sobre mis hombros, mis ojos están enrojecidos, no sé si por el vapor o por todo lo que me niego a llorar. Me acerco un poco más, casi sin querer, y entonces lo veo.La cicatriz.Cruza mi abdomen de forma irregular, pálida pero inconfundible, demasiado cerca de mis pulmones como para olvidarla alguna vez. No importa cuántos años pasen, siempre está ahí, recordándome lo frágil que puede ser el cuerpo humano. Recordándome esa noche.Apoyo la mano sobre ella.El contacto despierta una punzada fantasma, un dolor que ya no existe pero que
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