El aire dentro del Penthouse Vieri se había vuelto denso, cargado de una electricidad volátil que no era de deseo, sino de una furia inminente. Los labios de Alessandro aún ardían con la violencia del beso y sus manos, firmemente apoyadas en la cintura de Aurora, transmitían el temblor que recorría su cuerpo. Ella respiraba con dificultad, el vestido de seda negro se había subido ligeramente por el forcejeo, y la turbulencia emocional la había dejado expuesta y sin aliento. El fuerte y repetido golpe en la puerta, un sonido totalmente inapropiado para ese espacio de control absoluto, rompió el instante de locura.—Nadie, absolutamente nadie, tiene la autorización para acceder a esta propiedad sin mi previa aprobación. ¿Quién diablos se atreve...? —Alessandro se separó bruscamente de Aurora, con el rostro endurecido por la rabia, su camisa de seda italiana arrugada. Intentó caminar hacia el intercomunicador, pero antes de que pudiera dar un paso, la puerta blindada se abrió con una sac
Leer más