La burbuja de intimidad que había envuelto a Ronan y Seraphina se rompió con violencia. El aullido, salvaje y antinatural, lo desgarró todo.Ronan no perdió un segundo. Su transformación del amante vulnerable al Alpha letal fue tan rápida que Seraphina apenas pudo seguirla. Se bajó de la cama, sus músculos fuertes estaban tensos, el placer aún brillando en sus ojos oscuros, mezclado con una fría determinación. No hubo palabras, ni miradas. La urgencia del peligro era el único idioma que importaba.Mientras Seraphina aún se envolvía en las sábanas, tratando de entender la amenaza, Ronan ya se estaba vistiendo. Con movimientos precisos, se puso sus pantalones oscuros, ajustando el cinturón con una hebilla de plata grabada. Luego, una camiseta negra que se amoldaba a su torso formidable.El hombre que había besado sus lágrimas y la había reclamado con ferocidad, se había transformado de nuevo en el Alpha salvaje, impenetrable y distante.—Quédate aquí —ordenó Ronan, su voz grave, despo
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