Como suele suceder después de un encuentro impregnado de deseo carnal, el silencio que siguió tuvo dos significados completamente distintos.Valeria estaba recostada sobre las sábanas, con el cabello húmedo y su cuerpo aún sudoroso pegado al de Ignacio. En su rostro, una sonrisa de satisfacción que no se preocupaba en ocultar. Esa sonrisa que siempre aparecía cuando conseguía lo que quería y sentía que recuperaba el control sobre Ignacio. Lo había logrado. Lo había obtenido lo que deseaba, que él se corriera dentro de ella. Ignacio, en cambio, permaneció en silencio, pensativo. Rodeando a su esposa con uno de sus brazos, y con el otro debajo de la cabeza sirviéndole de apoyó. El remordimiento se apoderó de él, de inmediato. Sabía lo que eso significaba para Valeria, poder y control sobre él. Mientras que para él, aquel encuentro íntimo era un error más. Uno que no podía revertir, uno del que no había tenido fuerzas para escapar esta vez.Se dejó llevar por la tentación, por l
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