Ignacio bajó de su coche y entró a su casa. Subió las escaleras directamente hacia su habitación. El día había sido complicado. Estaba exhausto.
Comenzó a desvestirse de forma rápida. Un buen baño aliviaría un poco la tensión en sus hombros y espalda. Abrió la regadera y dejó que el agua tibia cayera sobre su cabeza y su cuerpo. Aquella sensación cálida trajo a su mente, la calidez de aquel beso.
—¡Isabella! —susurró su nombre—. ¿Qué me está pasando contigo?
Sacudió su cabeza de un lado a otro, como si con ello pudiera evitar pensarla, extrañarla, desearla.
El sonido de la puerta al abrirse, lo sacó de sus pensamientos. Abrió los ojos y levantó el rostro. Frente a él, la sensual rubia comenzaba a desvestirse, Ignacio no pudo evitar observarla, Valeria sabía como atraer la mirada de cualquier hombre. Era realmente hermosa y seductora, eso era innegable.
Ella dejó caer la ropa pieza por pieza y avanzó hasta quedar justo detrás de él.
Entró bajo el agua, y una primera gota res