Ignacio bajó de su coche y entró a su casa. Subió las escaleras directamente hacia su habitación. El día había sido complicado. Estaba exhausto.
Comenzó a desvestirse de forma rápida. Un buen baño aliviaría un poco la tensión en sus hombros y espalda. Abrió la regadera y dejó que el agua tibia cayera sobre su cabeza y su cuerpo. Aquella sensación cálida trajo a su mente, la calidez de aquel beso.
—¡Isabella! —susurró su nombre—. ¿Qué me está pasando contigo?
Sacudió su cabeza de un lado a