Como suele suceder después de un encuentro impregnado de deseo carnal, el silencio que siguió tuvo dos significados completamente distintos.
Valeria estaba recostada sobre las sábanas, con el cabello húmedo y su cuerpo aún sudoroso pegado al de Ignacio. En su rostro, una sonrisa de satisfacción que no se preocupaba en ocultar. Esa sonrisa que siempre aparecía cuando conseguía lo que quería y sentía que recuperaba el control sobre Ignacio.
Lo había logrado. Lo había obtenido lo que deseaba,