—¿Mami… tú jefe vendrá mañana? —preguntó Fabián con sus ojitos brillosos.
—No lo sé, mi amor. —respondió ella con voz suave—. Pero… ¿Por qué me lo preguntas?
—Es que quería ver las caricaturas con él.
Isabella dejó escapar un suspiro. La imagen de Ignacio junto a su hijo, la estremeció por dentro.
—Podemos verlas juntos, tú y yo. —propuso ella.
Fabián se cruzó de brazos arrugando su nariz en señal de desconcierto.
—Es aburrido verla contigo.
Ella abrió los ojos con asombro al recibir aquella respuesta viniendo de su hijo.
—¿Te parezco aburrida? —cuestionó con un dejo de tristeza en el rostro.
—No es eso, mamita. No te pongas triste—dijo con voz suave rodeándola con sus brazos por el cuello—. Es que tú eres mujer, y no entiendes esas cosas de hombres.
Una sonrisa amplia iluminó su rostro de Isabella.
—Tienes razón, mi amor. Pero, si Ignacio no viene…
—¿Por qué llamas a tu jefe, Ignacio? —replicó— debes llamarlo señor Ignacio.
Esta vez, no pudo contenerse, la ter