Me escondí tras las pesadas cortinas, fundiéndome con la oscuridad de la habitación al notar cómo él alzaba la vista hacia mi balcón. Segundos después lo ví entrar. El pánico me guió hacia la puerta; giré el seguro con dedos temblorosos, Temiendo que viniera directamente a reclamar lo que cree suyo. Esperaba el golpe, el reclamo o el sonido del pomo siendo forzado. Pero no hubo nada. Ese silencio, me helaba la sangre, fue mucho peor que su insistencia. Regresé a la cama con el corazón acelerado, extrañamente aliviada de que ya estuviera en casa. El sueño me venció por puro agotamiento. Al despertar, hice mi rutina habitual. Esta vez me vestí con ropa cómoda, aceptando con amargura que los muros de esta propiedad serían lo único que vería. Al salir al pasillo, la puerta de Lucio permanecía cerrada. Bajé al comedor, donde Sasha ya me esperaba, perdida en el fondo de una copa de vino. esta vez, el lugar a su lado estaba un plato esperando a ser servido, señal de que Lucio está en
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