El pueblo tiene un aire diferente al del castillo, y es un ambiente que Skye adora y la risa de Vivky le indica que ella también lo hace. A pesar de la ligera capa de nieve que las cubre, las calles empedradas se llenan con el eco de pasos de todas las personas que se encuentran recorriendo el mercado, las ventanas abiertas dejan escapar aromas dulces y voces que se mezclan con naturalidad, las unas con las otras mientras ofrecen sus productos a los transeúntes.Skye camina sin mayores prisa, ignorando a los turistas que comienzan poco a poco a llenarlo todo y disfrutando de compartir con los habitantes cotidianos. A su lado, Victoria avanza con pasos pequeños, o más bien, pequeños saltos llenos de demasiada energía, mirando cada detalle como si fuera la primera vez que los ve, aunque en esa semana, ya es la cuarta vez que va con su tía Skye al pueblo. Sus ojos se iluminan con cada escaparate, con cada color, con cada cosa que llama su atención, y Skye no puede evitar sonreír al obser
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