Mientras la mecedora se balancea con un ritmo lento y constante, acompaña el suave sonido de las agujas de tejer las cuales chocan ligeramente cuando se entrelazan en algunas vueltas guiadas por los dedos hábiles de Lady Margaret. La luz de la tarde se cuela por los ventanales, envolviendo la estancia en una calma total, dejando todos los problemas del mundo exterior afuera, haciendo imposible que puedan atravesar ese espacio y ocuparlo. Aunque sus manos se mueven con la agilidad que le concede