Mientras Siena termina de arreglar la maleta, Victoria salta sobre la cama una y otra vez con una energía que parece inagotable. Sus pequeños pies rebotan incesantes contra el colchón mientras su risa llena la habitación con una ligereza imposible de ignorar. La noche ya se encuentra bastante entrada, pero eso no parece tener el menor efecto en su ánimo; si acaso, lo intensifica, tomando cada minuto antes de dormir como una oportunidad más para exprimir el día antes de ponerle fin.
—¡Mami! —ex