El amanecer sobre Ciudad A no trajo luz, sino una penumbra gélida que parecía brotar de las mismas piedras del distrito financiero.
En la mansión Perseus, el silencio era casi litúrgico.
Los médicos se habían retirado a la planta baja tras estabilizar a Selene, dejando en el aire el veredicto que cambiaría el curso de la historia: la vida en su interior era frágil, un pequeño latido de ocho semanas que luchaba contra el trauma del cautiverio.
Zander permaneció al lado de su cama hasta que el pr