El convoy de los Perseus avanzaba por la Avenida de los Próceres con la precisión de una formación militar. Eran las nueve de la mañana, y una niebla grisácea y densa, cargada de la humedad del puerto, envolvía los vehículos blindados.
Selene viajaba en el asiento trasero del sedán central, protegida por capas de acero reforzado y cristales balísticos.
A su lado, Kethan revisaba una tableta con los últimos detalles de la ratificación del gremio, pero su mirada se desviaba constantemente hacia e