El jet privado de Zander descendió sobre la pista secundaria del aeródromo de Ciudad A como una sombra silenciosa cortando la bruma invernal.
No hubo luces de bienvenida ni protocolos de aduana. Antes de que las turbinas dejaran de girar por completo, la compuerta se abrió y Zander saltó al asfalto.
Vestía un equipo táctico negro, ligero y funcional, con el rostro endurecido por una determinación que no admitía matices. Kethan lo esperaba al pie de la escalinata con un vehículo todoterreno con