La victoria de Selene sobre el Juez Valerius en el Salón de los Cónsules había sido un despliegue de intelecto quirúrgico, pero en las profundidades de Ciudad A, la humillación es un combustible que arde lentamente.
El invierno no solo traía nieve a los tejados de la Gran Sede, sino un frío político que calaba en los huesos de los trece ancianos que aún quedaban en pie.
Para ellos, Selene Sartori no era una salvadora del orden, sino un virus que había infectado el linaje de los Perseus, dotando