El estruendo de la puerta de hierro arrancada de sus bisagras fue el último aviso que recibió el Juez Valerius.
Zander no entró como un hombre, sino como una fuerza de la naturaleza desatada, un depredador que había cruzado continentes para reclamar su territorio.
Enzo Valli, movido por un instinto de supervivencia suicida, logró levantar su arma, pero Zander fue más rápido.
Sin detener su avance, disparó una sola vez; la bala atravesó el hombro de Enzo, derribándolo y dejando que su arma patin