En los primeros días de su relación, Damián adoptó una actitud encantadora, la más cautivadora que podía ofrecer. Sabía exactamente qué decir y cómo hacerlo, su sonrisa era siempre la adecuada, y sus palabras parecían ser las más dulces y comprensivas. Erika, desconociendo completamente lo que significaba el amor, cayó en su trampa sin siquiera darse cuenta. Para ella, las muestras de cariño eran algo nuevo, un terreno incierto que no sabía cómo manejar. La forma en que Damián la mimaba, la invitaba a cenas elegantes, viajes inesperados y sorpresas constantes, la desarmaba. Al principio, ella pensaba que todo eso era lo que debía hacer una pareja: compartir momentos agradables, ser compañeros. Pero poco a poco, algo más sutil y peligroso comenzó a tomar forma.Damián, con su naturaleza manipuladora, entendió rápidamente que Erika no sabía qué hacer con ese cariño, esa atención constante. Ella nunca había experimentado lo que era sentirse realmente amada, y por tanto, no podía reconoce
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