Dos años y medio atrás.
La noche de la fiesta de graduación en la universidad estaba teñida de una magia suave y envolvente. Las luces titilaban suavemente sobre el salón decorado con elegancia: cortinas de terciopelo, mesas vestidas con manteles de lino blanco, y centros de mesa llenos de flores frescas. El aire estaba impregnado de una mezcla de perfume, risas y música suave que emanaba de los altavoces. Era el tipo de noche que quedaría grabada en la memoria de todos, especialmente de Erika.