Dos años y medio atrás.
La noche de la fiesta de graduación en la universidad estaba teñida de una magia suave y envolvente. Las luces titilaban suavemente sobre el salón decorado con elegancia: cortinas de terciopelo, mesas vestidas con manteles de lino blanco, y centros de mesa llenos de flores frescas. El aire estaba impregnado de una mezcla de perfume, risas y música suave que emanaba de los altavoces. Era el tipo de noche que quedaría grabada en la memoria de todos, especialmente de Erika.
Ella caminaba por el salón con un vestido largo de color azul marino que resaltaba sus ojos, su cabello recogido en un peinado sencillo pero elegante. Cada paso que daba parecía hacerla más consciente de las miradas que la seguían, pero lo que realmente le robaba la atención era él. Damián, su compañero de universidad, su amigo, su novio, estaba de pie al otro lado del salón. Él la observaba con una mezcla de orgullo y cariño, con esa sonrisa encantadora que la hacía sentir como si el mundo se