La noche del día nueve llegó lentamente, como si el propio laboratorio se tomara su tiempo para dejar que la tarde muriera por completo.Durante horas, Erika había permanecido en aquella sala distinta a su habitación habitual. El espacio era más amplio, más humano en apariencia, aunque cada detalle seguía teniendo ese aire clínico y calculado que impregnaba todo el complejo.El sol había descendido detrás del bosque.Primero el cielo se volvió dorado.Luego naranja.Después un azul profundo que se oscurecía minuto a minuto.Erika permanecía de pie junto a la gran ventana.Miraba los árboles moverse con el viento.El sonido era tenue, apenas audible a través del vidrio grueso, pero lo suficiente para recordarle algo que el laboratorio no podía replicar completamente: la vida exterior seguía existiendo.Damián no había hablado durante varios minutos.Estaba sentado en una de las sillas, observándola.No de la forma analítica y fría de los primeros días.Ahora había algo más difícil de d
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