El día ocho comenzó de manera distinta, aunque al principio Erika no supo exactamente por qué.Abrió los ojos lentamente, todavía acostada, mientras la luz artificial del cuarto aumentaba de intensidad con su habitual precisión calculada. El techo blanco volvió a aparecer frente a ella como cada mañana, inmutable, silencioso.Pero algo se sentía diferente.No era el lugar.Era ella.Su mente tardó unos segundos en recordar todo lo que había pasado el día anterior: el pasillo, las puertas, las cámaras, la palabra laboratorio resonando en su cabeza durante horas.Y, sobre todo, la forma en que Damián había decidido mostrarle algo más.Aquello había cambiado el equilibrio del juego.Erika se incorporó despacio, sentándose en la cama mientras pasaba una mano por su cabello.Había dormido mejor que la noche anterior.No profundamente.Pero sin tantas interrupciones.Eso la sorprendía.Quizá porque, por primera vez desde que había llegado allí, su mente tenía información nueva con la cual t
Ler mais